sábado, 30 de abril de 2011

Extremos

Me duele la cabeza.
La confusión nunca había sido tal, huracanes gigantes que joden al conciencia arrasan con todo. S me mira y estalla en risa. Todo tiembla. Jimmy es sólo un fantasma sin corazón; en su lugar el sangrante vacío que soy yo. Pero nada es tan malo como parece, el sol brilla y miles de girasoles lo siguen, cuál hormigas a su reina. Todo reluce, tanto que duele al mirarlo. Y la felicidad estalla, y todo es increiblemente fácil.
Pero de echo nada es tan simple.
Siempre me ha gustado el que la vida escoja por mí. Quita responsabilidad a mis errores. Quizá sólo tenga que olvidarme de todo por una noche. Quizá quiera olvidarme de todo para siempre.
Estoy cansada de pretender que todo vale más que una mierda. Fingir que de echo no me la pela todo, que no quiero volver a esos tiempos en los que era feliz con una canción y un saludo tuyo. Esos tiempos en los que sabía reconocerte, ver quién coño eres. De que puto color eran los destellos de tu mirada, o si los tenía.


La estancia es oscura y pequeña. Por unos momentos me recuerda a ese sueño que tuve, sobre la casita con el campo de girasoles y el principio del fin. Pero no es así. No. Esta vez es peor. Esta vez te reconozco, sentad@ delante de mí. Sé quien eres porque eres todo el mundo. Todos mis amores y odios estan concentrados en esa mezcla de formas, caras, miradas y voces. Estoy llorando. Sí, soy una maldita débil quijica. Y tú ni siquiera te inmutas; me miras con tus pupilas sin vida, porque tus ojos son el mismo tiempo, la conciencia de la eternidad. Entonces cojo el arma. No es nada del otro mundo, la típica automática que se ve en las pelis. La cojo y clavo el cañón en la piel, con todas mis fuerzas.
-Mírame coño.
La voz que brota de la gargante no es mía, demasiado débil, yo nunca susurro. Tus ojos de muñeca rota no dan la más mínima señal de vida. Todo es perfecto y está jodido. Brilla y se pudre. Mi pequeño mundo colapsará. Lo sé.
-¿Sabes? No hay razones.
Otra vez la voz no me pertenece, pero las palabras sí. Es lo único que me queda ahora, letras malgastadas.
Pero ya ha llegado el momento. Ahora o nunca, como suelen decir. Aprieto el gatillo. No hay nada más allá de los remordimientos, inmediatos al notar el temblor de tus labios, aunque quizá no haya sido más que una ilusión. Sí, sé perfectamente que lo ha sido, pero soy incapaz de creérmelo, ni siquiera muriendo en un sueño.



Lo mejor de todo es que ni siquiera existes, maldita sombra anónima. Que te jodan a ti y a todas las de tu estirpe.

3 comentarios:

Lunática (R.) dijo...

De nada sirve maquillar las sombras; siguen siendo aire.
Te leo y me siento identificada...
Me encanta como escribes, coño

Sara dijo...

Que identificada me siento joder, que rabia da ver todo complicado y en el fondo saber que es mucho mas fácil.

Lilith dijo...

Coño, no sabéis o que me alegra que me digáis eso. La verdad es que estoy pasando un momento algo jodido, y al pasarlo mal la mayoría se aislan pensando que son los únicos. Siemrpe es bueno que nos entiendan.