martes, 29 de marzo de 2011

Instantes sin amo ni correa

Hace tiempo conoció a una chica. Era lo que algunos llamarían especial. Lista, guapa. Follaba como la peor de las zorras y decía quererle. Él hacía como que la creía y seguía disfrutando del juego preguntándose cuándo acabaría esta vez. Porras mentales sobre lo que el autoengaño le duraría a ella.
La razón era una sombra que le perseguía media vida. La otra mitad estaba perdida en callejones nublosos por el alcohol y felicidad artificial.
Ella se fue. Siempre pasa así, según dicen.
En aquellos tiempos la felicidad parecía pagarse con desesperanza, y la intuición con la vida.
El rencor era algo dulce, fácil. Predecible y satisfactorio.
Ella volvió. Quizá porque se aburría, quizá porque quería arreglarlo. Pero las segundas oportunidades eran para ilusos sin dignidad.
Él se fue. Casi nunca pasa, según dicen.
Quizá dejaba atrás su pequeño atisbo de felicidad por miedo a que todo volviera a joderse. Quizá fue sólo por orgullo, de ese que corroe las entrañas y no olvida.

I estaba sentado en un callejón. Juraría que miraba hacia el cielo borroso de esa ciudad que robaba los recuerdos. Parecía un alma sin correa. Sonreía, y casi parecía feliz. Aunque en el fondo I siempre era feliz. Había algo en sus gestos, en su todo de voz demasiado rápido e intranquilo que decía que conocía el truquito de la felicidad. Maldita suerte la que tenía.
Me clavó esos ojos, extrañamente dulces en alguien que en el fondo era el rey de los hijos de grandes putas.
-Sabes C, tú molas. Esto mola. ¿Por qué coño se pasan la vida en curros que se la sudan, con zorras que sólo quieren chuparles el alma y la cartera hasta encontrar a uno que dé más de si? Si al menso se la chuparan lo entendería...
Me reí como no pensé que sabía hacerlo.
En el fondo la fórmula de la felicidad (como rezaba Coca Cola) se basaba en la misma bebida con un componente alcoholico.
Le presté mi teoría.
-Oye, si de verdad crees que hay alguna forma para eso es que eres más estúpida de lo que ya admites.
-Joder, ¿es que siempre tienes que clavarla?
-Se hace lo que se puede.
-Pero volviendo a lo de antes, ¿por qué te fuiste, realmente?
-Porque soy una mala persona, y lo disfruto. Y no sé como se me dan tan bien las personas, si ni siquiera me gustan. En el fondo es tu culpa de que sea así. ¿Cómo se te ocurre decirme que si soy feliz jodiendo al mundo tengo todo el derecho a hacerlo?
-Supongo que puedo considerarme realizada en la vida.
-Supones bien, ¡has creado un monstruo!
Sonreí. Y fue de verdad, no una sonrisa tonta porque no sabes que hacer con la cara o donde mirar. Sóo se me escapó unos momentos.
-Se hace lo que se puede.



Motö:D

2 comentarios:

Señorita Demakrada dijo...

voy a malgastar un ratito en decirte que me ha gustado muchísimo, escrito con una fuerza increíble, muy directo y.. tristemente biográfico en muchos de los aspectos.
Me kedo, pásate por mi blog algún día, si te apetece ;)
Un abrazo!!

Lilith dijo...

Bueno.. en el fondo está basado en echos casi reales, pero la tristeza no es algo que quiera destacar en esto. Simplemente.. me fascina la forma en la que algunas personas viven la vida, son felices sin dejarse pisotear jamás y consiguen salir y sonreír cada puto día, como si nada pudiera llegar a dolerles realmente.
un beso! ;)