sábado, 4 de junio de 2011

Enfermedad


http://www.youtube.com/watch?v=IdX_FfxlxdU


Sabía que en el mundo había un lugar; una ciudad oscura que había devorado las almas de sus habitantes. Y en esa ciudad una casa, reconcomida por la mala suerte. Y dentro de esa casa una habitación con un espejo en el centro, y en ese espejo quedaba la pizca de trascendencia que mantenía al universo girando.

S estaba en el centro de la sala, sentada sobre una silla invisible que parecía realmente cómoda. La habitación era pequeña y oscura y el aire parecía temblar a nuestro alrededor. Yo estaba de pie, delante de S, sin saber muy bien qué había venido o estaba haciendo allí, como si de pronto me hubiera despertado en un lugar remoto sin saber cómo había llegado.
-Así que me evitas.
Era una acusación clara.
-¿Tanto te sorprende?
-Pensaba que eras diferente.
-Explícate.
En ese momento S rió, como si el que yo hubiera encontrado cojones suficientes para exigirle a ella algo fuera gracioso. En un instante estaba sentada en su trono invisible y al siguiente de pie junto a mí, clavándome esa mirada incompleta que parecía esconder todo el odio del mundo concentrado en la pupila. Era una cabeza más baja que yo, pero su presencia asfixiaba tanto que habría juraqdo que no le pasaba de las rodillas.
-Muy bien; esperaba que no te conformaras, esperaba que le demostraras al mundo que no necesitabas a nadie, que tú y sólo tú tenías los cojones de hacerle frente a lo que fuera. Supongo que esperaba que no tuvieras corazón, pequeña.
Sentía sus labios de acero en la oreja mientras susurraba, había algo completamente íntimo y personal en la proximidad física con S. Justo en ese momento, como si lo hubiera sentido, se apartó y volvió a sentarse en el aire.
-Así que te decepciona que sea o intente ser feliz.
-Joder, ¡claro que me decepciona! -Era de las únicas veces que la había oído gritar; empecé a temblar sin darme cuenta, aunque su expresión no era de enfado, bajo su mirada había pura diversión.
En algún momento me había empezado apicar la nariz, y aunque había hecho el gesto de rascármela, la molestía seguía.
Pasamos un rato así, en silencio. Nunca me daba cuenta de lo que echaba de menos a S, aún cuando su presencia prolongada me provocara náuseas sentía que era una parte fundamental del mundo, como si estuviera presente en todas partes. Amén.
Una pregunta me reconcomía el pensamiento, luchando contra el miedo por salir.
-Quién eres? -la voz me salió de las entrañas, sin pertenecerme siquiera.
S me clavó su ojo blanco, taladrando y rebuscando en mi mente.
-¿A qué viene esto?
-Sólo es una pregunta.
-Una pregunta que podrías haberme hecho en años, pero es ahora cuando decides soltarlo.
-Nunca me había planteado realmente por qué estabas donde estabas, simplemente te necesitaba, eras parte del aire que respiraba y debáis seguir ahí. Ahora las cosas han cambiado.
Lanzó una carcajada, como si hubiera dicho una grandísima gilipollez y ni me diera cuenta.
-Ya claro... ¿que quién soy, dices? Supongo que soy tú misma en otro mundo, soy todos los demás si hubieran tomado otro camino... soy un final. No tu final, ni el de nadie en concreto, pero sí un final.
-Yo hubiera dicho que eres la muerte...
-¿Qué? ¿Esto era una prueba para ver qué respondía? -la muy puta parecía estar pasándoselo en grande.
-Sabes perfectamente lo que era; un intento más de averiguar algo.
-¿Quieres que te ayude a descubrir algo?
-¿El qué? -no me fiaba ni un pelo, pero tenía que seguirle el juego, simplemente era así.
S volvió a levantarse a la velocidad de la luz, me agarró por un brazo y pude notar sus dedos, finos y duros clavándoseme en la carne para llevarme casi a rastras y de improvisto delante del espejo. Me costó un poco distinguirlo bien en la oscuridad, pero en la superfície sólo me veía a mí, aunque S estuviera a mi lado. Pero lo extraño no era eso, lo jodido era que yo no tenía nariz; en su lugar un cúmulo de hueso y carne semiviva, con los dos agujeros aún presentes. Me entraron arcadas casi instantáneamente. Me giré y pude ver a S sonriendome con esa maldita mirada de supernova.
-Tú no eres el fin, eres la enfermedad.





3 comentarios:

Lunática (R.) dijo...

Joder... PUM PUM PUM (mi corazón mientras leía)

Eva BSanz dijo...

Gracias Lilih por tu comentario. Una buena entrada, mi beso para ti.

A Solas Con Lucía dijo...

Vaya, me ha gustado muy mucho (=, gracias por pasarte, yo me quedo, a que me sigas sorprendiendo, un besote.!