miércoles, 2 de febrero de 2011

Paraíso artificial



Habían pasado ya días. Quizá sólo fueran horas, quizá semanas. Nunca lo sabría. No importaba.
Caminaba sin rumbo por esa maldita casa, como si las huellas que dejaba tras de sí no significaran nada. Hacía quién sabe cuánto tiempo que no comía nada. No hablaba. Debería salir al exterior. Huir quizá. Tarde o temprano lo sabrían todo. Y entonces todo habría acabado. Pero desde que las voces se habían acallado la paz era tal que nada parecía ser capaz d destruirla.
La ira y la confusión habían desaparecido, y el ambiente había cogido un deje melancólico. Podía oír música, suave y de alguna canción conocida quizá, pero si le hubieran preguntado en ese instante no habría sabido decir de dónde provenía, o si era real. No habría sabido articular palabra, de echo. Pero no importaba.
Se sentía vacía. Sus pies parecían acariciar el suelo al caminar, como si la gravedad hubiera perdido fuerza. Pero no importaba.
Oía viento en el exterior, como si el universo mismo supiera qué había hecho y se dignara a parecer descontento. Pero no importaba.

Sólo importaba una cosa en ese momento. Y era tu cadáver ensangrentado en la bañera.