lunes, 29 de agosto de 2011

Todo ruge




La noche brilla, mientras todos nos regodeamos en el placer del anonimato. Te diría que te quiero si fuera yo, aunque quizá si no lo fuera también. Te diría mil cosas si eso no me pareciera una pérdida de tiempo.
Estamos sentados en una mesa, dorada como el mismo sol del atardecer temprano. No somos nadie porque no tenemos cara. No tenemos cara porque nacimos sin corazón; el mundo se lo comió.
El aire está cargado de euforia; el riesgo de la intuición, de dejarse llevar por una vez. Tirarte de cabeza esperando ser arrollado, adentrarte en la oscuridad.
El humo se levanta de cada asiento de la mesa, redonda, con un bailoteo sensual. Y es que te hubieras follado al mismo oxígeno de tus recuerdos. Y es que todo brilla y es follable en tu mente.
Una sombra se levanta, alta y fugaz, lleva capucha oscura. Juraría que es la muerte misma, tu muerte, si no fuera porque ahí no existe. La eternidad se lee en tu mirada vacía.
A esa sombra la seguimos todos, como guiados por un destino ausente, invisible, inexistente. La seguimos por lo que parece ser una ciudad maldita. El neón ciega al pasar y la música se escucha tan alto que nos retumban hasta las rodillas. Todo ruge.
Llegamos a un alcantilado. Eres el único que se acerca, curioso e impaciente, para ver qué hay más allá. Un mar de aguas rojas se balancea, con un ir y venir lento, las rocas cubiertas de sangre seca y la muerte brillando en el cielo, contradiciendo la eternidad. Todo es riesgo en esta vida, y en las otras.
La figura alta que nos condujo sonríe ahora, con un resplandor enfermizo en la mirada. Acto seguido y sin dilaciones, da un paso al vacío, por encima del alcantilado. Su cuerpo llega entero al agua, donde se sumerge para no volver a salir.
Todos sabemos que vamos a morir. Todos sabemos que no hay escapatoria. Y nos encanta.

1 comentario:

Ene dijo...

Sin riesgo la vida perdería parte de su sentido. Sin riesgo la monotonía y el aburrimiento de la tranquilidad nos matarían en vida.

Besos.