Y me doy cuenta del tiempo que ha pasado y me parte el alma. Quiero decir que lo haría si tuviera.
A veces me pregunto si no seremos simples inmortales estúpidos, atrapados en cuerpos perecederos. Si no es que la muerte es sólo el verdadero principio. A veces me canso de preguntarme tanto. Todo es tan repetitivo que parece que el mundo ha entrado en un sueño de monotonía constante; cualquier salida fugaz de ella no será más que la repetición de algo ya vivido, quién sabrá cuántas veces antes. Quién sabrá si siquiera importa.
And I'm the one with no soul...
Las letras se me escapan de mala manera, pero al menos sé que algún día no tendrán más remedio que volver.
No hay ni principio ni final; todo gira en formas extrañas, impredecibles. Estoy cansada de intentar hechar amarras en algún sitio de mi mar de pensamientos. La corriente me llevará a salvo, algún sitio recógnito, enfermizo. Quizá me salgan alas como de insecto y pueda elevarme unos metros por encima y verlo todo des de otra perspectiva, quizá algún día pueda verme de fuera y me odie más que nunca.
A veces sigo con la idea de que algún día despertaré y no recordaré nada, que todo hasta ahora fue soñado, la sala de espera de la vida. Y es que algo parece no encajar nunca, sin suficiente espacio.
Te echo de menos, seas quien seas. Y tú ya sabes quien eres.
Buscamos la eternidad, buscamos el amor. Buscamos un sitio en un universo cambiente, imperfecto, desordenado. Buscamos algo que no existe. Y en el fondo nada se rige por nuestra voluntad, así que buscar, querer o ponerle empeño a algo no sirve de nada. Las cosas llegan por alguna razón, y pensar eso es estúpido. Y tener que vivir con un pasado pesado sobre los hombros y un futuro que se eterniza también lo es.
Siempre había tenido la sensación de que aun nuestro pequeño mundo rodante fuera efímero el universo sería eterno. Ahora me entero de que éste no es ni será el último Big Bang, no es algo singular sino un simple ciclo que se repite cada x billones de años. Aún no sé si es bueno o malo. Aún no sé cuál es la diferencia.
Somos nada en relación al mundo en si, al posible conjunto de universos, vidas existencias y esencias que hay por aquí.
El cielo era azul sangre y su alma verde chillón, a juego con la mirada. El mundo le había dejado marca en la sonrisa, ausente. El atardecer jugaba con su pelo, haciéndolo telarañas que se extendían hasta el infinito de tu conciencia y se agarraban a tus sueños e ideas, exprimiéndolos, comiéndose tu mente por dentro, poco a poco. Su vestido amarillo se arrugaba a su paso, frenético. Era sólo una niña. Era sólo el demonio que digiere tus esperanzas una vez que cierras los ojos, la desesperación de tu mirada.
La niña llevaba una bolsa de la compra con un par de barras de pan recubiertas de hongos multicolores. Sonreía a todos los paseantes, pero ninguno de ellos parecía notar su presencia, aunque sí dejaban paso por allí donde estaba ella; como si un sexto sentido se lo dijera. Como si sólo fueran marionetas de un mago loco.
Y así pasó unas cuantas manzanas, rojas y llenas de vida, pues era el centro.
Llegó a la casa encantada al atardecer, cuando los murciélagos empezaban a violar palomas desprevenidas bajo la romántica luz de la luna.
El edificio era viejo, sin ventanas aparentes. Sólo estaba la puerta de entrada, de hierro negro, que conducía a más negrura aún. Tu alma petrolífera.
La niña se adentró, sonriente como nunca. Se sentía segura entre esas paredes mohosas.
Pasó una escalera de dos pisos a punto de desplomarse en la más absoluta oscuridad, guiando sus pasos por instinto. Instinto homicida, quiero decir. Abrió una puerta roja cualquiera, una entre centenares de esa casa que seguramente cambiaba de estructura cada tanto; para pescar y comerse algún curioso inocente. Es un mundo frío; hoy en día no sobran almas para los viejos sacrificios.
La niña se adentró en la habitación, ligeramente iluminada desde ninguna parte. Dejó la bolsa con el pan sobre una mesilla pequeña a su derecha y fue hacia la mesa grande del comedor; unos pasos por delante de ella.
Cuatro figuras negras la presidían, inmóviles.
-Siento haber llegado tarde, había cola.-su voz era dulce, demasiado.
Entonces la niña encontró el intrerruptor de una bombilla desnuda colgando del techo. La figura más corpulenta hizo un andemán de aceptación, ladenado levemente la cabeza. La niña le sonrió y se hizo la luz, revelando las cuencas vacías, llenas de carne putrefacta, de los cuatro que, aún así, parpadearon repetidamente, como si sus inexistentes pupilas tuvieran que acostumbrarse al resplandor.
Una de ellas, la más grácil de todas, se levantó y se acercó a la niña, con gesto amable. Cogió la blanca y tierna manita que ésta última le ofrecía, y con el principio de ese contacto algo negro y duro, como las ramas de un árbol seco, empezaron a extenderse por la carne y el cuerpo de la niña, que permaneció impasible y contenta.
-Cosas más extrañas se han visto en este mundo.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Abro los ojos y maldigo por la luz. La silla, el escritorio, la maldita cama, todo sigue igual y algo falla, como siempre. A veces siento que vuelvo a ser la cría de años atrás, que sigo igual de ciega. Nada de lo que he creído descubrir sobre mí misma, sobre el mundo, tiene sentido. Nada en esta vida tiene más sentido del que le demos.
El aire se ha vuelto frío y se clava en la piel y en la mente. Es como si todo fuera más complicado de lo que siempre ha sido. Es como si te hubiera perdido mil veces antes de tenerte realmente.
Vuelvo a sentirme avergonzada con cada palabra; la intimidad que dejo escapar me quema en la piel y hace que me pregunte rápidamente quién leerá esto.
14 de junio y ya te has olvidado de que me querías. ¿O quizá estemos en mayo? Nunca caigo.
Tu ojo es un pozo negro de locura, pero la verdad es no estoy segura de que tengas. Quizá es que no lo tienes, y sólo veo las entrañas de tu cerebro, el fondo de tu mente.
El cielo está de duelo, la muerte me acompaña y me incita a avanzar hacia mi final. Ese que siempre veo a la vuelta de la esquina; se esconde pero está ahí, a cada instante más cerca que nunca antes. La luna tiene un velo de contaminación y fuego, porque todo está en llamas, desde mi amor hasta la muerte, desde el alma a la mente.
Te miro y sé que no te conozco; sólo eres mi yo más secreto.
Ven y fúndete conmigo.
Ya no tenía aquella electricidad en los ojos. Empecé a pensar que ... a lo mejor no la tenía porque ya no existía. Sus ojos seguían reflejando algo ... lo que ahora era la tristeza.
A partir de entonces empecé a ver la tristeza en todas partes, cada cara era diferente pero en el fondo igual. Veía la tristeza en cada uno de los rostros, sentía que se me partía el corazón una y otra vez ... y cada vez como la primera.
La noche brilla, mientras todos nos regodeamos en el placer del anonimato. Te diría que te quiero si fuera yo, aunque quizá si no lo fuera también. Te diría mil cosas si eso no me pareciera una pérdida de tiempo.
Estamos sentados en una mesa, dorada como el mismo sol del atardecer temprano. No somos nadie porque no tenemos cara. No tenemos cara porque nacimos sin corazón; el mundo se lo comió.
El aire está cargado de euforia; el riesgo de la intuición, de dejarse llevar por una vez. Tirarte de cabeza esperando ser arrollado, adentrarte en la oscuridad.
El humo se levanta de cada asiento de la mesa, redonda, con un bailoteo sensual. Y es que te hubieras follado al mismo oxígeno de tus recuerdos. Y es que todo brilla y es follable en tu mente.
Una sombra se levanta, alta y fugaz, lleva capucha oscura. Juraría que es la muerte misma, tu muerte, si no fuera porque ahí no existe. La eternidad se lee en tu mirada vacía.
A esa sombra la seguimos todos, como guiados por un destino ausente, invisible, inexistente. La seguimos por lo que parece ser una ciudad maldita. El neón ciega al pasar y la música se escucha tan alto que nos retumban hasta las rodillas. Todo ruge.
Llegamos a un alcantilado. Eres el único que se acerca, curioso e impaciente, para ver qué hay más allá. Un mar de aguas rojas se balancea, con un ir y venir lento, las rocas cubiertas de sangre seca y la muerte brillando en el cielo, contradiciendo la eternidad. Todo es riesgo en esta vida, y en las otras.
La figura alta que nos condujo sonríe ahora, con un resplandor enfermizo en la mirada. Acto seguido y sin dilaciones, da un paso al vacío, por encima del alcantilado. Su cuerpo llega entero al agua, donde se sumerge para no volver a salir.
Todos sabemos que vamos a morir. Todos sabemos que no hay escapatoria. Y nos encanta.
La musica inunda la estancia, reluciente, brillando a causa de las sombras, de un pasado que me persigue, y es que la nostalgia sin sentido forma parte de mi identidad.
Nunca me di cuenta de cuenta de esto realmente, pero todo esto, des de el detalle de este blog hasta la hora en la que me levanto por las mañanas o lo que siento cada vez que contemplo el rojo cielo de mis mundos submergidos esta relacionado. Todo tiene la misma meta y sentido. Y eso es lo que em enseño a ser quien soy. Lo que condujo mi vida mas alla de toda razon hacia aqui. Hacia donde sea que este.
Vivo en el sendero de "lo que pudo haber sido pero no fue"; soy pasajera permanente, fingiendo caminar pero sin moverme.
La vida se trata de eso al fin y al cabo, de hacer lo que sea para matar demasiado tiempo, de beber de tus sonrisas, seas quien seas; discernir las dimensiones inconscientes de nuestra entidad, sea esta formada a desicion nuestra o por cumulos de experiencias.
Echaba de menos este sitio, por perro que sea. Echaba de menos su proposito inicial, sin mancillar. Echo de menos demasiadas cosas.
Algun dia te encontrare, sombra perdida, fantasma del remordimiento, y por fin sabre cual es el propostio de lo que pudo haber sido y no fue.
Escribo sin acentos porque estoy fuera del pais, y los teclados de aqui son curiosos xD