sábado, 16 de abril de 2011

Adelante


El mundo no estaba hecho para alguien como ella. Llevaba el pasado tatuado en el alma y tantos amaneceres llorando en la cama le concedían ese aspecto intocable, de que se rompería al instante de acariciarla.
Sabía que ese sitio estaba infectado. Sus gentes, calles, cada piedra de cada edificio y tejado estaba diseñado para el remordimiento. Cada soplo de aire salado entrando en los pulmones era la perfección de la culpabilidad.
Entonces algo cambió. Uno puede resignarse a morir lentamente o jugárselo todo. Compadecerte de tus propias heridas o echarte sal y seguir adelante.
El aire era cálido, asfixiante, y en la carretera podían vislumbrarse oasis que sin duda llevarían a mundos paralelos. Ese martes cogió su maleta roja, la que utilizaba cuando se iba de colonias años atrás, y sólo se fue.


A ellos sólo les importaba de donde viene la gente, pero lo realmente importante es hacia donde va.

viernes, 15 de abril de 2011

Withered


Hay momentos en la vida condenados a la iluminación. Pequeños instantes que se paran, que se vuelven eternos durante unas pocas pulsaciones.
Abres los ojos y las visiones te caen encima ligeras, como plumas deslizándose en sueños.
Era verano, pero todo distaba mucho de parecerse siquiera a la masa de sudor y cerebros quemados propios de las vacaciones. La brisa era suave y te envuelve un aire dulzón. La luz era blanquecina, como si tres pasos por encima de nuestras mentes estuviera la mismísima entrada al cielo; aunque, de echo, eso no importaba mucho. Todo tu alrededor era el maldito cielo. Los girasoles bailaban al compás de la brisa, miles de flores en los campos circumdantes a la casa. Era una construcción más bien pequeña, como la típica de cuento de hadas. Ventanas pequeñas y paredes color carne resplandecían al sol. Cruzaste eufórica el camino que conducía directamente a la puerta principal (y, de echo, la única que había). Todo ese sitio estaba desprovisto de recuerdos, transimitía sensaciones, sí, pero no había pasado alguno encasillado en esas imágenes, olores y texturas. El suelo era duro bajo tus pies descalzos, pero tú eras tan ligera que parecías rozarlo en lugar de correr.
Al llegar a la puerta toda la impaciencia se borró de golpe. Rozaste el pomo metálico. Había algo que no cuadraba en todo eso, pero no lo habías notado hasta entonces. Algo infectado, podrido habitaba esa casa. Tanta perfección en un todo no podía manifestarse sin más. Tenías que apartar la mano de la puerta, el tiempo apremiaba. El pomo empezó a fundirse y engullir tu mano al contacto. No había dolor, todo era simple desesperación.
Hubo un golpe seco y la puerta se abrió. El interior era jodidamente oscuro después de la pura luz exterior. Todo tenía una aire difícil de digerir, como una manzana podrida. La casa no tenía muebles a parte de una mesita y una silla de niño. Las paredes parecían infectadas de alguna sustancia mohosa y corrosiva, pero era la figura que se recortaba contra la poca luz que se filtraba del exterior la que intoxicaba el ambiente.
Era una niña. Tendría unos 12 años. Su pelo, extrañamente canoso, se deslizaba en largas coletas por su espalda. Estaba sentada de forma que su cara sólo podía apreciarse de un ángulo vago, peror entonces se giró de golpe. Su ojo derecho era un hueco infestado de criaturas blanquecinas y gruesas, algo así como gusanos. El izquierdo en cambio era tan claro que parecía emitir una fantasmal luz propia en medio de la oscura estancia.
-Rechazo, rechazo, bienvenida a casa.-la voz era extraña, dulce y melodiosa, pero con un tono de desprecio total.-Rechazo, rechazo, bienvenida a casa.-repitió la primera parte como quieriendo remarcarla.-Soy S, creo que nos veremos bastante a partir de ahora.
Su risa, entre demoníaca y moribunda, inundó todo mi mundo, tan perfecto y frágil.

jueves, 14 de abril de 2011

Introspección

Se pasaba el día mascando asquerosos chicles de Tutti Frutti y mirando con cara de zumbada a medio mundo. Cualquiera diría que estaba mentalmente jodida por toda la mierda que se metía, y acertarían. El verde imposible de su mirada, con pequeñas manchitas negras esparcidas por todo el iris, y esa piel lechosa le conferían un aire de extraterrestre o ángel. Eso aún estaba por decidir.

Imágenes como esa volvían a clavárseme en la cabeza, negándose a irse pero sin llegar a materializarse. La persona adecuada en el momento adecuada. La vida se basaba en eso, simples casualidades. ¿Qué pequeña estupidez podría haber pasado para que todo fuera diferente? Cuántos malditos planetas tuvieron que alinearse para que yo llegara hasta aquí. Para que todos llegáramos hasta donde coño sea que hayamos llegado.

El tiempo me persigue. Me alcanza y ahoga. La vida es una puta cuestión filosófica, porque de eso se trata, de engañarse pensando que vas a encontrar respuestas cuanto más tiempo pierdas comiéndote el coco para darte cuenta de que no hay truco alguno. La vida se vive.
Pero sólo si te sale de los cojones.


Ya contaré la historia de la chica de los kiwis en otro momento.

miércoles, 13 de abril de 2011

Débiles mentales

Hojas en blanco.
¿Me estoy volviendo una de los débiles mentales a los que tanto desprecio? En el fondo lo he sido siempre.
Últimamente todo es más díficil, todo se disfruta menos. Pero eso se acabó.
A la mierda la soledad. A la mierda ser amable y a la mierda las continuas quejas mentales, las semanas metida en cama sin fuerzas para salir. A la mierda con todo.
La debilidad, la comodidad de estar triste es adictiva.
Pero no seremos esclavos. Renacer de las cenizas dispuestos a cagarla una y otra vez, a chupar de la vida de nuestro alrededor es una de las cualidades del ser humano.
La felicidad es una zorra infiel. Y yo fui diseñada para la adrenalina. Fuimos diseñados para la fuerza, para encubrir el dolor de forma artificial y estúpida. Pero qué coño, una vez creemos en ello éste  desaparece. Nada puede con nosotros.



We fucked up bigger and better than any other generation that came before us... ¡We were so beatiful!

miércoles, 6 de abril de 2011

Have each other 'til the sun


-Sabes, creo que voy a matarte. No por nada en especial, sólo me gustaría ser yo quien acabase con tu mierda de vida.
Lanzaste un andemán inquisitivo al aire, esperando mi explicación.
-Y bueno, más que eso... nunca he creído en los celos como una forma de amor, así que en ningún caso sería por eso. Lo que sí creo es que si de verdad esto es real, y de echo aunque no lo sea, poco importa; pero a lo que iba, si de verdad esto merece la pena, tenemos que luchar por ello. Luchar por la eternidad, y la única forma de rozarla es condenarnos. Perder nuestra salvación voluntariamente.
Clavaste tus pupilas, afiladas como el mismo infierno, en mi mente, con aire de expectación. Como si en el fondo de tu ser necesitaras oír eso, aunque jamás adivinaré por qué.
-Supongo que sería algo simple. El sufrimiento es innecesario. Te abriría las venas, es la única forma, lo sé. Tu sangre corriendo perezosa por el parqué, el último latido imperceptible. En el fondo todo sería más mundano de lo que aquí puede llegar a sonar. Piel rasgada, miradas que queman... no habría nada infinito en eso, pero haré que roces la eternidad. Te lo mereces.
Hice una pausa, esperando que mis palabras llegaran a algún sitio remoto, más allá de esas cuatro paredes que aprisonaban la vida.
-Dicen que el fuego purifica, no sé si es verdad, pero aún así te quemaría. Por la metáfora de que somos como pequeñas llamas, nos consumimos, oscilamos, cambiamos, pero nunca en esencia. Y tú eres fuego. Tú me consumes y yo te consumo, nos ahogamos, apagamos, encendemos, bailamos al son de la respiración del universo.
Una imagen mística se adueñó de mi mente. Te vi a ti, sentada en un campo de girasoles, son las corrienets de aire jugando en tus mechones. Te vi a ti con el universo siendo uno mismo, te vi a ti siendo como tenía todo que ser. Perfecta. Te miré y por una vez en la vida pude llegar a verte realmente. Más allá de tu belleza imperfecta, más allá de toda cordura que pudiera quedar intacta entre nosotros.
La imagen se desvaneció tal como había venido, sin sentido alguno. Tu presencia volvió a agujerearme el alma, y precedí en mi delirio.
-Después de incinerarte quizá tire tus restos a la basura. Así de simple. El camión pasa cada martes a las tantas de la noche, así que supongo que lo haría un lunes. Nunca he entendido esa cerimoniosidad con respeto a los restos humanas. Sólo son despojos de lo que hemos perdido. No tienen la más mínima trascendencia. Supongo que aquí acabaría todo. Volvería a casa, limpiaría el parqué. El mundo sería un sitio más frío, la vida resultaría menos rentable. Así que supongo que no tardaría mucho en saltar des del quinto. Total, sería una muerte rápida. Y bueno, en el fondo no creo que vayamos a encontrarnos en algún sitio después de la muerte. También dudo de que tú te despiertes siendo una libélula y yo un caracol baboso, o un pájaro que te devore. Pero tampoco importa. Me gusta pensar que estro tendráun final claro, que no nos apagaremos lentamente, consumíendonos mutuamente. Quiero pensar que lo poco que se vivió fue eterno.



Murmuras algo que no llego a enteder del todo; dudo si quiera que sea algo inteligible. En lo que a mí respecta ambos somos de Marte.
Te me acercas con todo un mundo en la mirada y el universo en los suspiros.
-Esto es urgente.


La eternidad se nos acaba..


martes, 5 de abril de 2011

La vida que jamás tuvimos

Pasábamos las tardes desperdiciando los granitos de arena que se deslizaban por el interior del reloj. Contábamos pilas, de ellos y de las gotitas de lluvia que se deslizaban cristal abajo por la ventana, haciendo carreras a ninguna parte.
Ibas en pijama y yo en chándal, sin peinar, era innecesario para follar en la encimera.
La rutina se adueñaba de nuestars vidas, pero no había nada monótono en ello. Simplemente, era como tenía que ser.
Una vez te corrías tirando el salero por el suelo bajabas, me mirabas y sonreías, prometiendo que desde aquel momento lo haríamos como la gente normal; que desde entonces iríamos al cine a ver chorradas pseudorománticas, nos vestiríamos como gente decente y haríamso el amor en la cama. No más follar en la encimera; por unos instantes dejabas que esa fantasía inmunda pesara sobre nuestras mentes. Acto seguido me saltabas encima y coreabas a voz en grito alguna canción que sonara de Ac/Dc, me hacías ir hacia cualquer rincón de esa casa que se caía a pedazos y me follabas como si no hubiera mañana. Hablando claro y sin entrar en detalles.
Algunos días, que no todos, te ibas a comprar provisiones. En algún momento teníamso que salir de casa y comprobar que el mundon de fuera seguía donde lo habíamos dejado, decías, pero a mí poco me importaba si la onda expansiva de una explosión de dimensiones monumentales hacía volar nuestros sesos y lo mandaba todo a cagar. Total, morir juntos no sonaba tan mal. Morir juntos mientras tu piel estremecía la mía y te bebías mi mirada a base de embestidas sonaba a paraíso. Morir contemplando el lunar de tu mejilla izquierda agitarse con tu aspiración debía ser el jodido paraíso, o lo más cerca que un mortal podía estar de él.
Cada día despertaba con eso en mente.


Pero en un determinado punto algo cambió. Algo dentro de mi pequeño y perfecto universo se jodió.
Un día te fuiste a por más café (de ese tan amargo, sigo sin entender a día de hoy cómo podías beberte esa mierda). Total, que ésa fue la última vez que te vi.
Sólo recuerdo despertarme y ver un techo blanco sobre mi cabeza. El fluorescente iluminaba la estancia, que parecías más que nada minimalista. Cama con sábanas de algodón debajo de mi cuerpo y un hombre de unos cincuenta que me miraba fijamente. El hombre me sonrió, como intentando tranquilizarme. Tenía una libreta al lado, y vestía bata blanca. Sus gafas eran desmesuradamente gruesas. Entonces advertí el lunar, debajo del ojo izquierdo.
-Veo que la medicación le hace efecto.

lunes, 4 de abril de 2011

La pequeña S


Chispas de luz flourescente se clavaban y perforaban la mirada. Las pupilas de neón de esta ciudad agujereaban el cerebro y se adueñaban del alma.
El cielo era claro como un suspiro.
Su sonrisa, fácil como la vida misma.

La pequeña S no podía ser de este mundo. Su felicidad, palpable en su presencia se hacía espesa, díficil de ignorar. Contagiosa.
La pequeña S no podía ser más que una niña demonio. Iba por el mundo con su caja de galletas y los labios pintarrajeados de azul eléctrico. Clavando sus ojillos, de un blanco casi doloroso, en todo lo que le parecía extraño, y eso era casi cualquier chorrada.
La pequeña S estaba sola. No sabía bien si era consecuencia de alguna tragedia casual o simplemente no pertenecía a este planeta. Aunque me decantaba por eso último; hubiera puesto la mano al fuega a que esa fuerza interior no podía ser posible. Al menso no en este mundo condenado al exterminio.
La niña de los labios azules viajaba por calles crueles con una bestia extraña a la que se empeñaba en llamar Ninlil. La criatura era una especie de gato salido del inframundo, con su pelaje de plata ley y ronroneos profundos. No parecía comer ni beber nada, sólo estaba pegada a los pies de la pequeña S, mendingando por el cariño de la niña. Daban vueltas por esa maldita ciudad, sin rumbo fijo ni camino marcado. La vida era fácil así, sin metas. Sólo paseos a medianoche.

El mundo era un lugar extraño e indiferente en esa época. Justo como hoy en día.
Nadie iba a preocuparse por salvar el trasero de los demás, absolutamente nadie; pero había algo en la mirada de la pequeña S que decía que ella sería la excepción de esa regla, que el mundo podía confiar en ella.

Es bueno comprovar que el mundo sigue con sus reglas más fundamentales. Que por muy avanzados que nos creamos todo sigue funcionando a la vieja usanza. Todo está condenado de antemano.

En la mirada incompleta de S ya no se encuentran respuestas, ni mucho menos salvación. Un día, Ninlil desapareció, la fuerza que corroía la tristeza circumdante a S se ahogó completamente. La conciencia se sumía en el vacío y el mundo adoptaba tonos grises desprovistos de esperanza. La pequeña S murió esa tarde de primavera, sin saber bien ni cómo ni por qué.
Todo en lo que habíamos creído murió.

*  *  *  *  *
Odiaba abril. Uno de los meses más nefastos. La luz, jodidamente molesta, me despertó para darme cuenta de que ya era media tarde. Tampoco es que importaran mucho nimiedades como los horarios, llegados a esos puntos de desorganización diaria.
Y aunque el sol pareciera querer perforar la persiana y quemar la piel había algo oscuro colgando en el ambiente.
Entonces la vi.
S estaba en una silla que jamás había visto cerca a mi cama -o al sofá, o donde coño hubiera dormido, en ese momento me veía incapaz de distinguirlo-.
Me prestó una sonrisa cargada en pequeñas dosis de odio.
-¿Qué tal has dormido?
-De puta madre, ¿no se me nota?
Levantó las cejas con aire inquisitivo. Como si se estuviera preguntando si fingir una risilla estúpida o dejarlo pasar. Le devolví la mirada, pero con un gesto hacia su ojo de supernova. S sabía perfectamente lo que yo quería averiguar y borró su expresión, hasta entonces relajada.

El silencio se apoderó de mi consciencia.


Todo por lo que habíamos luchado murió.

martes, 29 de marzo de 2011

Instantes sin amo ni correa

Hace tiempo conoció a una chica. Era lo que algunos llamarían especial. Lista, guapa. Follaba como la peor de las zorras y decía quererle. Él hacía como que la creía y seguía disfrutando del juego preguntándose cuándo acabaría esta vez. Porras mentales sobre lo que el autoengaño le duraría a ella.
La razón era una sombra que le perseguía media vida. La otra mitad estaba perdida en callejones nublosos por el alcohol y felicidad artificial.
Ella se fue. Siempre pasa así, según dicen.
En aquellos tiempos la felicidad parecía pagarse con desesperanza, y la intuición con la vida.
El rencor era algo dulce, fácil. Predecible y satisfactorio.
Ella volvió. Quizá porque se aburría, quizá porque quería arreglarlo. Pero las segundas oportunidades eran para ilusos sin dignidad.
Él se fue. Casi nunca pasa, según dicen.
Quizá dejaba atrás su pequeño atisbo de felicidad por miedo a que todo volviera a joderse. Quizá fue sólo por orgullo, de ese que corroe las entrañas y no olvida.

I estaba sentado en un callejón. Juraría que miraba hacia el cielo borroso de esa ciudad que robaba los recuerdos. Parecía un alma sin correa. Sonreía, y casi parecía feliz. Aunque en el fondo I siempre era feliz. Había algo en sus gestos, en su todo de voz demasiado rápido e intranquilo que decía que conocía el truquito de la felicidad. Maldita suerte la que tenía.
Me clavó esos ojos, extrañamente dulces en alguien que en el fondo era el rey de los hijos de grandes putas.
-Sabes C, tú molas. Esto mola. ¿Por qué coño se pasan la vida en curros que se la sudan, con zorras que sólo quieren chuparles el alma y la cartera hasta encontrar a uno que dé más de si? Si al menso se la chuparan lo entendería...
Me reí como no pensé que sabía hacerlo.
En el fondo la fórmula de la felicidad (como rezaba Coca Cola) se basaba en la misma bebida con un componente alcoholico.
Le presté mi teoría.
-Oye, si de verdad crees que hay alguna forma para eso es que eres más estúpida de lo que ya admites.
-Joder, ¿es que siempre tienes que clavarla?
-Se hace lo que se puede.
-Pero volviendo a lo de antes, ¿por qué te fuiste, realmente?
-Porque soy una mala persona, y lo disfruto. Y no sé como se me dan tan bien las personas, si ni siquiera me gustan. En el fondo es tu culpa de que sea así. ¿Cómo se te ocurre decirme que si soy feliz jodiendo al mundo tengo todo el derecho a hacerlo?
-Supongo que puedo considerarme realizada en la vida.
-Supones bien, ¡has creado un monstruo!
Sonreí. Y fue de verdad, no una sonrisa tonta porque no sabes que hacer con la cara o donde mirar. Sóo se me escapó unos momentos.
-Se hace lo que se puede.



Motö:D

domingo, 27 de marzo de 2011

Pulsares

Luz fugaz. Suicidios neuronales prematuros.
La felicidad es como un maldito pulsar. Yo soy como un maldito pulsar. Y yo soy tu odio echo venganza, yo soy tu amor imposible yendose. Soy todas las ideas que decides ignorar. Soy todos los días que quieres acabar. Soy todo el sudor que malgastaste en polvos cutres. Soy todas las venas cortadas, cuellos rotos, agujeros de bala que sueñas con llevar a cabo. Soy todo la cafeína que te puedas tomar. Yo soy tu salvación, tu alma, y tú eres la mía.

Noche inconstante. Masoquismo innecesario.
La desgracia es como un jodido pulsar. Tú eres como un jodido pulsar. Tú eres todas las patrañas cursis en las que vomitas. Tú eres todas las iluminaciones que me puedas prestar. Eres todos los instantes que sueño con que no pasen. Eres todos los incendios que provocaron tensiones sexuales no resueltas. Eres todos los fantasmas que deciden torturarme, todos los besos envenenados que la final no me mataron, los rayos solares que me dejarán ciega. Tú eres mi destrucción, mi vida, y yo soy la tuya.


¿Era eso el orgasmo del intelecto, fundir tu mente follando a ratos?

viernes, 25 de marzo de 2011

Todo está podrido

Hay cosas tan claramente jodidas que ni siquiera hace falta explicarlas.
No tenemos consciencia. Menos aún alma.
Pero, ¿sabes? Nada va a cambiar. Nos vamos a pudrir en estiércol mientras las campanas de la rendición estallen en nuestros tímpanos.
Necesitamos manuales de supervivencia. Necesitamos escapar, huir volando, cuánto antes, lejos. Tan lejos que ni siquiera distingan nuestros ojos del ano. Tan lejos que la muerte de las estrellas sea cercana, que nos ciegue y nos mate en estallidos bestiales de energía en estado puro. Esa que perdimos hace tanto.
Tu puta alma es una estadística, el recordatorio de lo que nunca fue.
-Resígnate. ¿Que nunca vas a llegar a nada? ¿Qué es esa mierda de pensamiento? Céntrate en otra cosa. Nadie va a llegar a nada, simplemente porque no hay nada a lo que llegar.
La maldita oscuridad carcomía la mente y el cuerpo. Las miradas sangraban vísceras y no creemos que la salvación sea algo más que un concepto amorfo e irreal. Algo así como las palabras. La gente se mata por ellas sin darse cuenta que no existen más allá de la nada.
La sociedad está mal estructurada, carcomida por la avaricia y egoísmo humanos. No creo que haya cura para eso. Más cura que la de la destrucción nuclear masiva, esperanza misántropa. En tiempos como los que corren la única solución es el punt zero. Volver a un principio para poder hacerlo todo otra vez, de diferente forma.

Dejamos nuestro maldito destino en manos del cara o cruz, pero es que a lo mejor sale canto.


Quema nuestros sueños. Vierte gasolina y no mires atrás.
Jamás.