domingo, 9 de enero de 2011

Rocky

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El mundo no es todo alegría y color. Es un lugar terrible, y por muy duro que seas es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido si no se lo impides, y ni tu ni, yo, ni nadie golpea mas fuerte que la vida. Pero no importa lo fuerte que golpees, si no lo fuerte que puede llegar a golpearte y lo aguantas permanentemente mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar. Así es como se gana.
Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces, pero tendrás que soportar los golpes, y no puedes estar quejándote por no estar donde querías llegar por culpa de él, de ella o de quien sea; eso lo hace los cobardes y tú no lo eres. Tú eres capaz de todo.

sábado, 8 de enero de 2011

Historias de un atardecer



Entonces, en el simple arder de ese estúpido fuego supe darme cuenta de que nada, nada, importaba más que lo que teníamos por delante, que el pasado era solo una vieja historia sin moraleja ni razón.
En ese andar lento y vaporoso, aproximándose, supe ver que mi futuro se acercaba al unísono, que esa mirada difuminada en verdes imposibles era todo lo que necesitaría ver durante el resto de mi vida para saber que había echo lo correcto, que seguiría haciéndolo mientras siguiera con la promesa de esperanza bañada en fe ciega.
Supe que nunca podría dejarte, supe que nada importaba más que lo que yo tenía, porque muchos otros lo había buscado sin éxito, muchos habían abandonado en el intento, pero alguien que ha luchado, a perdido su corazón tantas veces que ya duda de su propia existencia más allá del dolor no puede hacer más que apreciar lo que ha perdido.
En el entrechocar de olas y la fuerza de ese fuego marchito supe ver que te tenía, que nos teníamos, quizá solo por esa noche, quizá para siempre en nuestras mentes, prisioneros del más dorado anochecer que jamás presencié, amparados en esa libertad que sólo puede sentirse cuando se tienen muchos años por delante y el mundo en contra.
En el único recuerdo que me ha permitido seguir respirando supe encontrar mi eterna felicidad, supe ver el camino para aguantar la inmensa tristeza que precede a lo mejor de nuestras vidas, cuando ya todo no puede hacer más que bajar.
Desde el principio debí imaginar que todo no era más que una batalla perdida de antemano, pero nadie quiere admitir lo imposible. Y después de tantas noches en el mismo lugar, después de horas, días, años, imaginándote amparada en la falsa felicidad que tanto te complace, sé que la única  cosa que compartimos, la primera en llegar, fue la que nunca quise que sintieras con tanta fuerza como yo lo hacía. Y ahora, después de tantos cielos anaranjados, solo nos queda vivir de una cosa. Tristeza.

Caer



Me sentía caer hacía el vacío, sabía que éste me engulliría y lo único que quedaría de mí sería un recuerdo difuso, como si mi propia existencia se plantease el haber sido real. Y continuaba cayendo como quien no quiere la cosa, mi cuerpo inanimado, como si sólo fuese el maniquí, la cárcel en la que siempre me he sentido rehén, y mi conciencia, liberada ya de todas las comparaciones, experiencias, circumstancias... sólo caía hacia la oscuridad. Por una maldita vez en mi despreciable existencia podía decir que no recordaba nada. Estaba completamente en blanco. Y sólo caía.
No había nadie que fuera a recogerme una vez en el suelo, ni ninguna esperanza de mundos mejores, ni siquiera tristeza. Había perdido hasta la melancolía que parecía ser ya seña de mi identidad.
Era libre.
Por un instante realicé donde estaba. Las baldosas frías sólo me volvían más insensible, cogí y saqué una a una las bolitas de la felicidad, como las llamaba. La cosa prometía a sueño seguro. El agua tenía un extraño sabor acre, como si tuviera bilis en los labios, pero yo no me sentía amargada; sonreía mientras caía.
No abrí los ojos, no me veía capaz, pero eso tampoco importaba.
Entonces pensé en él.
No recuerdo muy bien si lo que sentí fue desprecio hacia mí misma, tristeza o simple esperanza tonta, de ésa que no tiene sentido.
Creo que sólo vi una cosa clara, y es que no me lo merecía. Que no había hecho nada para merecerme el poder caer en el olvido, ser libre de una maldita vez, volar hacia alguna especie de rara e insana felicidad. No me había ganado aquello. No tenía derecho a quedar como la víctima cuando la culpa era sólo mía.
Clavé mis ojos, creo que enrojecidos, y fui incapaz de pensar en mucho más. El instinto pudo conmigo.
Entre arcadas y náuseas volvía a la maldita superficie.


http://www.youtube.com/watch?v=yThCx-3Says

viernes, 7 de enero de 2011

Lucha

Oh, sí, me siento muy sola, nadie me quiere más allá de los prescindible, blablabla. Claro, ¿no te jode? ¿Por qué van a quererte? ¿Qué coño has hecho tú para merecer la compañía de otro sin reparos? No seas hipócrita, deja de quejarte de las injusticias del mundo y empieza a estrujar la mierda de vida que se te ha concedido, porque, ¿sabes qué? Es lo único que tendrás.
Ni jodidos sueños ni vida después de la muerte, son sólo excusas para no arriesgarse. Para no tener que ensuciarse de mierda hasta el cuello y luego darte cuenta de que has fracasado; todo el mundo prefiere la ignorancia al fracaso.
La falta de oportunidades, la excusa divina de los vagos.
Así que deja de leer esta mierda, porque con cada segundo que pasa el tiempo para hacer algo con tu maldita existencia se agota, a cada instante estás más cerca de tu inminente putrefacción, porque no somos especiales, todos formamos parte del mismo montón de estiércol.
Acepta que tu muerte es algo real, afróntalo y empieza a hacer algo útil con tu maldito tiempo antes de que seas sólo otro pobre desdichado que se dedica a recordar tiempos mejores, sin fuerzas para revelarse contra nada.


Masoquismo

Supongo que me molesta que la gente frivolice tanto. Necesito destilarme, liberarme, sentir que vuelo de alguna forma, que huyo de mí misma, de este lugar y de sus caras. Me gusta pensar que hay muchas formas de hacerlo, que todos tenemos alguna forma de autoengaño que nos protege del mundo.  Creo que tenemos un filtro, una venda invisible a la propia hipocresía o a lo equivocado de nuestros propios ideales y códigos morales. Y a veces intentar quitarlo, intentar ver la realidad sólo se resume en otra mentira más, en una forma de sentirme auténtica haciéndome daño. Odiándome.
A veces me descubro sintiendo pasión por las cosas, cosas simples y mundanas, pequeñas idioteces, y siento una necesidad irreprimible de negármelo, de acordarme de lo malo que es todo y de lo despreciable que yo soy. Quizá sea simple pánico que avanza por mi columna y se instala como un párasito en mi mente, aprovechándose de mis sueños, quitándome la posibilidad de volar. Y a veces me da una rabia sobrehumana comprovar que no, los demás no se autotorturan como yo, que la felicidad existe y no es algo tan inalcanzable como imagino. Los pastos siempre serán más verdes al otro lado, ¿no?
Me siento cansada, cansada de medir mis palabras, mis gestos, de sentir esa compulsión de encajar y fallar mil veces, de no ser la chica de mis sueños, o del terror que siento a convertirme en ella. Una vez llegados a la meta ¿qué nos queda? Siento un odio total al darme cuenta de lo mucho que necesito la protección ajena y lo prescindible que soy para el mundo. Lo mucho que parecen importar los demás y lo despreciable e inútil que soy yo.


Cansada de pretender que mi vida vale una mierda.

martes, 4 de enero de 2011

Me he perdido (II)

La mía es una historia de lamentos, de miradas fugaces que te dejan seguir respirando durante años en el amparado recuerdo, de reproches y vergüenza inexplicable, de océanos de odio, amor y confusión.
La mía es una historia de las estúpidas, sin principio y sin final, llena de risas idiotas y coincidencias imposibles, de malgastadas tardes de invierno mirando la misma película, una y otra vez, para llegar al consuelo de los débiles, de los que nunca pudieron decir la verdad, ni llevarla en la mirada para ser, solo quizá, un poco más felices.
La mía es la historia de la vida, contada por obsesos de la muerte. De carne cruda y lluvia fría, de miseria y compañía.

Me he perdido (I)

Me estoy perdiendo... ¿dónde ha ido a parar el sujeto que iba a clase de física con ojeras, y los ojos envenenados en sangre y promesas de maldición?
La que no pensaba jamás en el porqué, solo en el cómo, solo en el placer. Los viejos planes son ya lágrimas mudas sosteniendo el muro en ruinas, casi derrumbado, apagado.
 La vieja fachada de mentiras flojas y mundos siempre perdidos, lejos de mí. La llama que siempre me alejó del vacío de la realidad se está extinguiendo, sumiéndome otra vez en la inexistencia, porqué estoy aquí, pero no existo, porque no pienso. Sumiéndome otra vez en el dolor anónimo de la rutina, en la vergüenza inexplicable, los complejos de la vida.
Mi salvación se está escapando. Pasa delante de mis ojos, sin ni siquiera parpadear, sólo derrochando palabras de reproche: la culpa carcomiéndome por la inocencia que perdí hace mucho en las palabras de aquel extraño de mi mente que solo susurró lo que siempre supe y nunca vi.
La llamarada de algo inexistente, algo que nunca fue lo que parecía y que nunca nadie más percibió se extingue, lentamente, casi sin notarlo y al mismo tiempo sufriendo cada segundo de oscuridad. Cada instante de vació nos aproxima más al final. Al final de lo único que siempre importó y al que nunca prestamos atención. Al final de las malgastadas noches, entre dolorosos recuerdos y risas estúpidas. Entre desesperación y fuerzas, estamos más cerca. Siempre tocándola, siempre allí, sumidos en oscuridad.


lunes, 3 de enero de 2011

Soledad


Gandhi dijo una vez que la inspiración llega con los cielos más oscuros.
Hace tiempo que no sé distinguir la sensación de vacío de mi interior del dolor, es como si la insensibilidad picara en la piel.
Sigo mirándome al espejo y dándome asco, y ya he perdido la esperanza de que eso vaya a cambiar algún día. Me aburro con facilidad y paso mis tardes perdidas soñando estar en alguna otra parte, despertarme en cualquier otro momento y lugar, en otro cuerpo y otra mente. Pero eso sigue sin pasar.
Vuelvo a sentirme sola y me da miedo pensar en lo que eso puede significar.
Y sólo sigo hacia adelante, sin muchas expectativas, pero sigo.


http://www.youtube.com/watch?v=RW6WqgvYHgc

sábado, 1 de enero de 2011

Ilusiones


Escribir es una terapia.
Contra la soledad, las voces gritando en mi cabeza parecen unirse y callarse por un ratito cuando escribo, como si me dieran mi ansiada paz, la que tanto busco dentro del vacío interior.
Supongo que todo esto no son más que palabras desaprovechadas, que soy incapaz de mostrarme a nadie por miedo a que descubran mi falta total de valor u originalidad, la mediocridad que conlleva mi persona.
A veces el odio y la envidia me corroen hasta el blanco de mis ojos, no soy capaz de ver más allá de lo que creo haber perdido por cobardía y me duele tanto el no tener lo que en los demás parece tan natural que me entran arcadas.
Soy tan hipersensible al rechazo y doy tanta importancia a lo que me rodea que me arde en la piel el simple hecho de no sentirme imprescindible cuando yo creo morir mil veces al imaginarme sin la protección del cobarde, la miserable rutina. Y cada vez que me siento caer, como hoy, cada vez que creo que mis cielos de falso autocontrol se desploman y aplastan mi cabeza en algo parecido a un manojo de vísceras putrefactas (no voy a negar que la imagen me fascina) no encuentro razones para seguir, y me doy cuenta que la única razón que siempre valdrá es la de encontrar una meta, algo que me haga seguir. La esperanza de encontrar esperanza.
Malditas paradojas del destino.


Algún día aprenderé a dejar de vivir de recuerdos.

Caos

Somos un virus.
Destruimos todo lo que tocamos, corrompemos el aire que respiramos y nos creemos con derecho a hacer todo lo que nos venga en gana sólo por nacimiento.
Aceptemos que somos el residuo más tóxico de la creación y empecemos por arreglarlo. Aunque claro, cuando las cosas están tan jodidas... ¿de verdad podemos dar marcha atrás? La única salida es la destrucción para poder volver a crear, volver al punto 0 donde el mundo volverá a regenerarse solo. Para de comprarte coches y ropa cara, eso no dejará de hacer que seas el despojo más marginal del mundo ni que dejes de oler mal, y en lugar de reivindicar tu sitio en la sociedad, destrúyela. A ella y a ti mismo.